Direct Futbol

El Diego de pibe

Comparte esta noticia:

Diego Armando Maradona, quien se encuentra en el top five de los mejores futbolistas de todos los tiempos. Y a los que tuvieron la suerte de verle pararse en una cancha, con sus magníficos goles; asistencias magistrales con su zurda mágica; una que otra jugada polémica y demás maniobra que transmitirá en el verde césped, no se imaginan que este astro del futbol tuvo una infancia igual o peor que muchos de los niños que hoy le admiran.

Villa Fiorito, donde vio la luz el eterno 10 argentino, era un barrio humilde lleno de barro, polvo, en aquel lugar empezó a patear sus primeras pelotas, junto a sus amigos en las Siete Canchitas, un terreno vacío dividido en varios campos. Y así lo describía al sitio donde creció: “el barrio donde nací y crecí, digo lucha. En Fiorito, si se podía comer, se comía; y si no»

Su vivienda, una pequeña casa de la calle Azamor, donde cabían10 personas, su madre, su padre y 8 hermanos, Diego era el quinto de esa familia numerosa. En esa casa de chapa y madera no sobraba nada. Había una verja de alambre en la entrada, después un patio de tierra y unos metros más allá, la casa. Tenía un comedor y dos habitaciones, donde descansaban los 8 ñaños Maradona. Y ahí salió unas de las tantas frases dichas por el 10 argentino.

“Yo crecí en un barrio privado… ¡privado de luz, privado de agua, privado de teléfono”

“Quien no nace con una estrella, se la ingenia para brillar”. Y esto fue lo hizo Diego, que desde pequeño cuando su mamá, le mandaba a hacer algún recado, el pequeñín tenía que ir dando toques a algo. Si era a un balón, mejor, pero no era necesario. «Podía ser una naranja, bollitos de papel o trapos».

Y con apenas 3 años, cuando empezaba a dar sus primeros pasos, recibió un obsequio que le cambio la vida. Su primer balón, que le dio su primo Beto Zárate, hijo de la tía Nena. Era una de cuero y durante ese día especial durmió abrazándola toda la noche.

Y desde aquel momento, Diego buscaba donde podría dar toques a su “fiel acompañante”, la pelota de futbol que tiempo después se convirtió en el presente y futuro del ex jugador. «Si los viejos nos buscaban, sabían dónde encontrarnos. Ahí estábamos, corriendo detrás de la pelota», señalaba, en una de sus autobiografías. «Cuando empezábamos a correr se levantaba tanto polvillo que parecía que estábamos jugando en Wembley y con neblina», bromeaba y recordaba Maradona en tantos de sus relatos.

Y llego el primer club de Diego. Llamado “Cebollitas”, de las divisiones menores de Argentinos JRS, donde ingreso a los 9 años y en ese equipo empezó su nombre a llamar la atención del mundo futbolero.

Y a partir de ese entonces, la historia del crack argentino que este 30 de octubre estuviese cumpliendo 64 años, todos los fanáticos del Rey de los Deportes, ya lo conocen. Defendió camisetas de grandes clubes, como Napoli, Boca JRS; FC Barcelona; donde alzo la copa de campeón en todos ellos y claro no podría faltar la casaca Albiceleste donde fue campeón mundial como jugador, su nombre aparece dentro de los goleadores históricos, además tuvo la oportunidad de sentarse en el banquillo técnico y escuchar su nombre en los estadios y hoy lo hace desde el cielo, que todos sus fans gritar a viva voz:  DIEGO, DIEGO, DIEGO. Por que como el mismo ha dicho, “Yo soy El Diego de la gente” y será muy difícil poder olvidar a este niño que surgió desde abajo, pateando cascaras de naranja hasta convertirse en astro y anotando uno de los goles mundiales que más se recuerdan en el ámbito futbolero, con mano o no, fue un gol de antología o como dice el Diego. “Fue la mano de Dios” …

Scroll to Top